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Podemos oír a la gente pidiendo ayuda desde todos los rincones"
Los testigos hablan de una situación dramática por culpa de uno de los peores terremotos en la historia de Haití.
GRÁFICAS: Los daños se dejan ver en todos los edificios de la capital haitiana, desde supermercados y hoteles hasta instituciones, catedrales y hospitales. Ninguno se ha librado.
Una estampa devastadora. Edificios, hoteles, embajadas y hasta el palacio presidencial de Puerto Príncipe se han derrumbado. "Es una situación muy caótica, con escombros de las viviendas por todas partes. Hay una capa de polvo que cubre toda la capital. Podemos oír a la gente pidiendo ayuda desde todos los rincones. Se están produciendo réplicas y la gente está muy nerviosa", asegura Kristie van de Wetering, trabajadora de Oxfam Internacional, desde el lugar de la tragedia.

Los testigos hablan de una situación dramática por culpa de uno de los peores terremotos en la historia de Haití. Los daños se dejan ver en todos los edificios de la capital haitiana, desde supermercados y hoteles hasta instituciones, catedrales y hospitales. Ninguno se ha librado.

"En medio de gritos y llantos, la gente está pasando la noche al raso", ha relatado el jefe de la Delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Haití, Ricardo Conti, a primera hora de hoy. "La gente está tratando de consolarse los unos a los otros. Lo que se escucha por las calles son las oraciones de agradecimiento de los que han sobrevivido", ha añadido.

A las 16.53 (22.53 hora española) un fuerte temblor desató el pánico entre la población. Era un seísmo de magnitud 7,3 en la escala Ritcher. "Todo el mundo temblaba, era como un baile, la gente salía de los vehículos, corría y gritaba", ha explicado un testigo a la agencia Efe, quien ha dicho que "la carretera se abrió por la mitad" ante sus ojos.

Parecía el infierno, sin luz, el pleno caos. "La ciudad está toda a oscuras. Hay miles de personas sentadas en las calles", ha contado a la agencia Reuters Rachmani Domersant, un jefe de operaciones de la ONG Food for the Poor (Comida para los pobres). "La gente corría, lloraba y gritaba", recuerda.

Tomado del país.com
 
 
 
 
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